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Superar la pérdida
LIGAANTIANOREXIA/BUL

"RECUPERAR TU VIDA"

"Mucha gente cree que no pensando en el dolor, el dolor se pasa. Que hablar de mi hijo solo conducía a hurgar en el dolor. Y que lo que hay que hacer es distraerse. Mi hermana trataba de distraerme, hablándome del tiempo y de lo que había hecho durante el día, etc. Esto era muy pesado.

Lo que necesitaba era alguien que ESTUVIERA a mi lado. No hubiera hecho falta decir nada. Sólo estar.

No hay que confundir un "hablar de mi hijo" que sería hurgar en la herida, con un "hablar de mi hijo" que aparece cuando la carne vuelve a crecer en la herida.

Ahora, pensar en lo que mi hijo diría o haría da fuerzas para seguir adelante. Él vuelve poco a poco, dándome la fuerza para sentarme en el extremo del sofá (su lugar favorito) o, en el futuro, -espero- para cocinar su plato favorito.

Se nota la diferencia porque pensar en ello ahora me hace sonreír. Antes me hacía llorar.

No se trata de "superar", que sería algo así como ir subiendo peldaños o aprendiendo cosas nuevas distintas, sino de recuperar tu vida. De recuperar sentimientos antiguos, tales como el bienestar al sentarme en el extremo del sofá, y la capacidad de vivir día a día. De aprender a ver la vida desde otro punto de vista y valorar cosas distintas. No hay menos dolor, pero ese dolor es menos cáustico. Y ahora me permite reconectar con un espacio de riqueza. Para mí, entre otras cosas, la riqueza la adquirí al trabajar en el hospital con muchachas sordomudas-ciegas a las que había que acercarse despacio para que no se atemorizaran y después te abrazaban con tanta ternura".

"RESISTENCIA AL DESAMOR"

 

(La cliente definió su problema como “estar vampirizada” por uno de sus jefes, que le propuso casarse con ella –él se divorciaría de su mujer- pero después dijo que no podía hacer algo así. La cliente advirtió que tenía largas conversaciones telefónicas con una señora de la oficina de una ciudad distante a donde vivían y que hacía muchos más viajes a esa ciudad que de costumbre, en el curso de los cuales se quedaba allí durante el fin de semana y sólo volvía a su ciudad los lunes. Ella convivía con Miguel, a pesar de que hacía tiempo que habían decidido que la relación entre ellos había terminado). Cito las palabras textuales de la cliente como ejemplo para otras personas que pasen por una situación parecida:

“Pienso que le di una importancia excesiva a algo que no era relevante. Sobrepuse la relación con el Vampiro al resto. Lo remitía todo a la relación con el Vampiro.

En 2008, me regalo un anillo de compromiso, cogimos un piso de alquiler y le preguntó a una psicóloga como decírselo a sus hijos. Pero después apareció la señora de esa otra ciudad. Yo estaba continuamente pendiente de si el Vampiro estaba conectado a Whatsapp. Miraba su calendario de la oficina, donde él apunta cosas personales, para saber qué hacia en cada momento.

Me ayudó leer el libro “El poder del ahora”, un libro sobre vivir el día a día; pensé que yo programaba mi futuro, me preguntaba “¿qué pasará en vacaciones cuando él vaya por un lado y yo por otro?”.

Después no, porque ya ha dejado de haber relación alguna con el Vampiro.

Le dí más importancia a la separación con Miguel. No quería seguir viviendo sin comunicación de pareja y casi sin vernos. No había chispa. Pero no encontraba un momento para hablar con Miguel porque me vampirizaba la relación con el Vampiro. Empecé a asumir la separación, queriendo acabar bien. Lo concebía como empezar otra etapa de mi vida, mi segunda independencia.

Después de acordar la separación con Miguel, él encontró piso y Miguel y yo volvimos a hablar mucho mas que antes, de cosas pendientes. Fuimos a cenar y después yo me fui a la discoteca. Ahora es importante para mí pensar en cómo estar bien, tranquila, en paz puesto que no vivo con Miguel. Si trabajo más horas, hasta más tarde, no tengo que darle explicaciones a nadie. Me siento mas libre.

Y voy conociendo a gente nueva. Salgo más. Esto ha ocurrido gracias a la web. Me sentía sola y vi en la web “organizamos actividades de fin de semana, excursiones”. Fui a una charla sobre constelaciones familiares y una señora me dijo “existe también S-------, (otra asociación de personas solteras, separadas y divorciadas) que organiza más cenas y salidas a discotecas que excursiones”.

Los encuentros de S------- tienen lugar en un bar, el “B-----”; quedé primero con una chica y decidimos ir: “que caiga lo que caiga”. Hay una relaciones públicas. Nos presentó a les “novatos”. Cada día hay gente nueva y distinta.

Las primeras veces íbamos a cenar. Después a tomar algo. Nos mandamos mensajes.

Ahora se me acercan chicos que me dicen “¡qué guapa eres!”, “¡qué ojos tienes!”.

Antes tenía la autoestima por los suelos.

No quiero mantener una relación, de momento. Cuando vivía con Miguel tenía que levantarme de puntillas y poner la radio muy bajita. Ahora me gusta salir los fines de semana, llegar tarde a casa, de madrugada, me gusta bailar y estar a gusto con una persona, hablar, reírme.

También ha habido otro cambio: en el trabajo reclamo mis derechos, digo cosas que antes me había callado. Me preguntaron qué pasaba y contesté “Ahora no me callo”. Mis compañeros me notan cambiada. Por ejemplo, cuando “el Caspa” (un empleado de rango superior al suyo) me chilló le contesté: “A mi, la mala educación no me la han enseñado”. Después una compañera me dijo “no hagas caso” y yo le contesté “me entra por un oído y me sale por el otro”.

También ahora llevo una libreta para organizarme. Me libera la cabeza.”

 


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